Qué difícil nos resulta pasar por alto el ridículo de Robin Thicke

Este que aquí escribe era fan de Robin Thicke. Bueno, fan de póster no, nunca he comprado unos abanderado para tirárselos al escenario. Pero sí seguidor desde que el muchacho lanzara ‘A Beautiful World’ allá por 2003. Y chico, lo mal que pudo sentarle a Thicke el éxito de ‘Blurred Lines’: primero, porque se comió de golpe el resto de su interesante carrera y lo convirtió en un one-hit-wonder de cara a la galería; segundo, porque se terminó comiendo una demanda por plagio; y tercero, porque le causo el divorcio de su mujer, que curiosamente protagonizaba la protada de su disco de hace 12 años.

Y con el divorcio, el ridículo extremo cuando vio la luz ‘Paula’, su último álbum, en un intento desesperado por acercarla de vuelta a él. Con este panorama, la imagen de Thicke por los suelos, ‘Blurred Lines’ como paupérrimo símbolo de su discografía, etc., a uno le cuesta horrores volvérselo a tomar en serio.

Y eso que ‘Morning Sun, el que será su nuevo single de aquí a una semana, recupera los sonidos del Thicke anterior a Pharrell, el Thicke más sexy, más clásico, más cerrado en su burbuja de R&B contemporáneo. No es que sea el sumum de la modernidad, pero su adelanto ya suena bastante mejor que todo lo de su disco anterior.

Solo que, ains, cómo cuesta volver a mirarle con los ojos de antaño.

 

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